Trés flamingos representando la bisexualidad

Arte: Marta Pucci

LGBTQIA+

Mitos y realidades sobre la bisexualidad

Entendámonos con la “B” de LGBTQIA

por Lina Bembe, Escritora Revisado por Sarah Toler, DNP, Escritora científica de Clue
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Siempre he sido bisexual. Aunque al igual que muchísimas personas fui socializada como una persona femenina y heterosexual, mis primeros “despertares sexuales” (esas primeras experiencias de admiración, infatuación e incluso excitación sexual) durante la infancia fueron con mujeres. Como al mismo tiempo era consciente que me gustaban los niños, mi socialización heterosexual me hizo darle poca importancia a mi fascinación por las mujeres y lo femenino.

Después de varios años -y más “despertares” inadvertidos- me di cuenta de que quizás me interesaría “estar” con una mujer. Al principio no intenté nada, ya que cuando tenía crushes no heteros, me sentía intimidada y demasiado buga* para elles. Cuando tenía novios, ellos se percataban de que me gustaban las mujeres también, pero nunca hablamos de ello de manera seria. Eventualmente mis primeras relaciones no bugas (sexuales, sentimentales) sucedieron, tanto con mujeres cisgénero como con personas de géneros fuera del espectro binario. Sólo hasta que tuve estas experiencias me dije a mí misma que–al fin–podría autodenominarme bisexual. 

(* Témino coloquial usado en México por las comunidades LGBTQI+ para referirse las personas heterosexuales.)

Hoy en día soy desconfiada al hablar de mi bisexualidad con otras personas, ya que desgraciadamente la bifobia (el odio y discriminación hacia personas bisexuales) es un fenómeno real (1). Debido a que las identidades bisexuales son una especie de escala de grises en contraste con el “blanco o negro” que implica ser hetero u homosexual, las personas bisexuales pueden sufrir discriminación, prejuicios o invisibilización desde ambas comunidades.

La bifobia se puede manifestar como bromas intencionadas, falta de credibilidad, o abiertamente como insultos. Esta clase de actitudes afectan negativamente el bienestar mental y emocional de las personas bisexuales, especialmente las más jóvenes–bisexuales reportan más problemas mentales ( ansiedad, depresión, estrés, mayores tasas de suicidio) en comparación con heterosexuales y homosexuales (gays y lesbianas) (2).

En muchos casos, la bifobia es también un producto de la falta de información. Aquí las preguntas, mitos y realidades más comunes sobre la bisexualidad.

¿Qué es exactamente la bisexualidad?

La bisexualidad es un tipo de orientación sexual. La orientación sexual normalmente se refiere a  hacia quienes sentimos atracción (afectiva, sexual, emocional). Ejemplos de orientaciones sexuales son: heterosexual, homosexual, bisexual, asexual, pansexual, etc. 

La orientación bisexual se refiere a la atracción hacia más de un género (3), lo cual en principio es una idea fluida, abierta y sujeta a variaciones entre diferentes personas que se autodenominen bisexuales. 

No todas las personas definen su bisexualidad de manera idéntica, asimismo no todas las personas atraídas haca más de un género se llaman a sí mismas bisexuales.         

¿La bisexualidad es sólo una fase? 

No. Es normal que muchas personas homosexuales pasen por un periodo de transición, no obstante, eso no equivale a que la bisexualidad es siempre una fase anterior a la homosexualidad (4). Para muchísimas personas el sentirse atraídas por otras de varios géneros es una preferencia seria y estable (5). 

Ser bisexual no siempre significa que la atracción hacia más de un género está dividida en, por ejemplo, 50-50 parejo, o 40-60 de manera constante y definida. Hay quienes tienen mayormente -pero no exclusivamente–atracción a un género (6). Hay también para quienes la atracción fluctúa a través del tiempo y de acuerdo a ciertos contextos (7). Esta clase de fluidez no se espera–al menos en principio–en el caso de orientaciones monosexuales.     

Esta clase de falsas creencias han sido en cierta medida facilitadas por la ciencia. Muchos estudios sobre bisexualidad se han centrado en perspectivas monosexuales (heterosexuales y/o homosexuales) (8). También se ha sugerido erróneamente que la bisexualidad es una orientación inacabada, como si ésta fuera una simple transición hacia la homosexualidad (9). 

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¿Es cierto que las personas son bisexuales le tiran a “lo que se mueva” porque su apetito sexual es insaciable?

No. La orientación no define el apetito sexual de nadie. La bisexualidad en sí misma no vuelve a nadie promiscua, infiel o indigna de confianza. Este mito es un producto del monosexismo, o sea la creencia de que las personas deben tener una sola identidad sexual y un solo tipo de comportamiento sexual hacia un género o sexo definido (10). 

Arraigado en América Latina, el monosexismo también asume a la monogamia como norma (11). Imponer al monosexismo como una norma social única y aplicable a todes, hace fácil pensar -consciente o indirectamente- que cualquier otra sexualidad más fluida pueda ser una amenaza o anomalía más difícil de controlar.

Ver a la bisexualidad como una preferencia anómala o fuera de control provoca que esta orientación pueda ser hipersexualizada, puede hacer pensar que las personas bisexuales eligen esta orientación para “tener más de donde escoger.” Es dañino proyectar fantasías sexuales en personas bisexuales (o de cualquier otra orientación) sin su consentimiento, como si éstas sólo fueran un instrumento para satisfacer las fantasías de terceros. 

En mi experiencia han sido muy irritantes los casos de quienes piensan que ser bisexual equivale a la posibilidad de estar dispuesta a “todo”. 

¿Soy bisexual si también siento atracción hacia personas transgénero o no binaries? 

Sí. Hay quienes piensan que el prefijo “bi” significa que la bisexualidad es atracción sólo hacia dos géneros binarios y cisgénero (“hombre” o “mujer”). Hay en efecto quienes viven su orientación de esa manera, pero la bisexualidad, al ser la atracción hacia personas de más de un género, puede también extenderse a personas con identidad de género más allá del espectro binario y cis. 

No todas las personas que sienten atracción hacia más de un género se llaman a sí mismas bisexuales por razones muy variadas (estigma, cultura, pertenencia a un colectivo o información disponible). Hay orientaciones no monosexuales, como por ejemplo la pansexualidad (la atracción hacia otras personas sin importar su identidad de género) cuyas definiciones pueden sonar casi idénticas a la bisexualidad (12); en casos así, decidirse por autodenominarse bisexual, pansexual, o de cualquier otra manera es más bien una cuestión personal que depende de como nos sintamos al definirnos individualmente.   

¿Dejo de ser bisexual si entro en una relación sentimental con una persona del género “opuesto”?

No. Este mito se debe a la falsa idea de que la bisexualidad es sólo una fase de “experimentación” antes de “ponerse serias” y regresar a una relación estable y heterosexual (un caso común en las personas socializadas como mujeres) (13). Es posible estar en una relación monosexual y que cada persona mantenga una orientación sexual distinta. 

Existen sentimientos de bifobia internalizada que pueden ser comunes cuando las personas bisexuales deciden entrar en una relación sentimental que pueda ser percibida como monosexual. Tales como el miedo a que la pareja de orientación monosexual no entienda la bisexualidad de la otra (14). En otros casos, puede ser fácil para terceras personas (familia, amigues, círculos sociales) asumir que la orientación de las personas bisexuales cambia o desaparece en función de la pareja en turno (15).

A pesar de que la orientación sexual de cualquier persona puede cambiar a lo largo de la vida, es mucho más sano cuando esas decisiones son tomadas de manera individual, y sin la presión de terceras personas o estereotipos bifóbicos.   

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¿Puedo ser bisexual aún sin haber tenido sexo o una relación no heterosexual? 

¡Claro que sí! Nadie tiene la obligación de ofrecer “pruebas” de su bisexualidad. Tener conciencia de que la atracción sexual de une misme puede ser bisexual es suficiente. Nuestra orientación sexual puede no estar escrita en piedra por el resto de nuestras vidas, por lo tanto, es bastante válido vivir una etapa de transición o cuestionamiento sin tener que “tomar una decisión” por el resto de nuestras vidas, o definir claramente nuestra orientación bajo una etiqueta.

Las experiencias no heterosexuales, ya sea sexuales, afectivas o sociales, muchas veces son facilitadas (o reprimidas) por el contexto en que que nos encontramos, por nuestras relaciones sociales o familiares, por la complejidad de nuestros gustos y necesidades individuales, por el acceso (o falta de) a diferentes culturas de diversidad sexual, incluso por un mínimo de condiciones seguras, libres de acoso y marginalización. 

Es importante tener en cuenta que no siempre existe un espacio abierto y seguro para explorar libremente cualquier orientación sexual no hetero; a veces hay circunstancias en las que priorizar el bienestar físico y emocional implica permanecer dentro del clóset, lo cual es también válido. En cualquier caso, se viva en el contexto en el que se viva, el no haber tenido experiencias no heterosexuales con otras personas, no significa que se tenga que reprimir lo que siente y piensa sobre une misme. Yo caí en esa trampa y sólo me llamé a mi misma bisexual hasta que tuve mis primeras experiencias, a pesar de que toda mi vida lo he sido.  

Aclarar dudas, obtener información libre de sesgos o estigmas sobre la bisexualidad y muchos otros temas de diversidad sexual puede hacer una gran diferencia en la calidad de vida de personas marginadas por su sexualidad. 

Ilustración de un microscopio

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